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Los primos prendieron la noche en La Matraca | Revista Noise Armada


El reloj marca las ocho de la noche, sale el director del teatro mientras terminan de entrar los espectadores, que ansiosos esperan la presentación de su grupo, Frankie ha muerto. Luego de unas palabras, se abre el característico telón rojo del Pablo Tobón, sale la banda sin el vocalista…

Un vídeo sobre la seguridad de Medellín se proyecta en el escenario, el teatro aún no se llena. Termina el vídeo y empieza el show, sale el primo, con su particular voz, abriendo el concierto con la primera escena (Viaje al interior). Todo en el marco de la famosa frase sapere aude, un solo de violín inunda el ambiente y suena en todo el teatro.

“Eres bella como el miedo” frase que arranca los aplausos de los asistentes, los primos se acomodan para hacer sonar y vibrar el teatro en esta edición de La Matraca; y como si de una escena de terror se tratara, un frío invade el escenario para dar paso al segundo tema, en el que las rosas adornan los micrófonos, los militares marchan y los espectadores cabecean con la música de su banda.

Se da paso a la segunda escena. En la oscuridad, salen los militares con unas almohadas, se camuflan detrás de ellas; la energía en el público aumenta, sube la euforia y la gente observa el show, una perfecta mezcla entre teatro y sonidos punk.

Solo hasta este momento termina de entrar el público al teatro, que se vistió de negro para recibir a los punkeros que iban a ver el show de Frankie. Se da inicio a la tercer escena, Medellín de noche ardiendo, salen borrachos, mendigos, prostitutas, travestís y cualquier tipo de personas que se pueden encontrar en el Centro de Medellín; todo es una interacción entre los personajes de la obra mientras la banda toca y Medellín arde en llamas, tributos a la sexualidad, alcoholismo, como si de romper e ir en contra de todos los pecados capitales se tratase.


De repente salta a la escena un policía que acaba todo el show de los buscones de media noche, o eso parecía, pues la interacción de ellos ya es con el público y la banda misma; tras tocar tres canciones el vocalista se agacha, toma sus gafas y se permite leer un poema, terminando con la frase “Preferiría el camino de la esperanza, todos los días la ciudad sigue ardiendo, ¿hasta cuándo?” cierre a la tercera escena.

Cuarta escena, El encuentro con los extraños en este país. Para la apertura de esta instancia el vocalista llama a escenario a Nicole, la corista que los acompañaría para un par de canciones. Esta escena no fue tan visual como las otras, fue un poco más plana en cuanto a show, sin embargo la parte musical fue igualmente un elemento que resaltó en la noche.

Escena 5, de regreso al miedo, el vocalista baja del escenario, empieza a cantar junto al público, esa cercanía emociona a los espectadores de la primera fila que fueron los afortunados de recibir de frente al primo; nuevamente sale Nicole para acompañar la canción, problemas de sonido con su micrófono obligan a hacer una prueba durante el show, luego de tener todo listo continúan el espectáculo el cual ya está llegando a su fin.

Para sus últimas canciones se une al bajo el característico anciano rapado con navaja, personaje que ha acompañado al grupo por varios años, al compás de sus últimas canciones la gente lleva el ritmo en sus cuerpos. Se apagan las luces y el vocalista se dispone a leer los agradecimientos, el encargado de las luces aun no las enciende, así que el artista suelta una graciosa frase diciendo “Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo, yo me pongo las gafas y tú me pones la luz” haciendo reír a todo el teatro.

Para cerrar la noche de la mejor manera cae una reja de la parte superior del escenario, son llamados todos los responsables de esta presentación y son aplaudidos, salen todos de escena y la banda se prepara para dar su última canción, tras las rejas es recitada su última melodía después de la cual el público extasiado, sale del teatro comentando el gran show que acaban de presenciar en la noche del 31 de agosto.

Fotografías: Alejo Grisales

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