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1300 ninjAZ en el Teatro Pablo Tobón

El Teatro Pablo Tobón Uribe se ha puesto una gorra plana, una camiseta ancha y una cadena en el cuello, se ha vestido de hip hop con la firme intención de contagiar más de 1300 almas hambrientas de arte con el furor del género urbano y con la sutileza musical de Alcolirykoz.

Fotografía por Alejo Grisales

La gente que espera en la fila padece ya de la angustia propia que traen consigo conciertos como estos - ¿me quedaré sin puesto? - rumoran afuera, mas su nerviosismo se mezcla también con la euforia causada al ver el sol muriendo entre las montañas y la fiel esperanza de escuchar de nuevo aquellos juglares de la realidad antioqueña, tan áspera y complicada.

Hay una atmósfera distinta dentro, pues el alma del hip hop corre libre entre cada recoveco y espacio del teatro. De a poco se va llenando y el recinto se fracciona en dos, aquellos que el magnetismo musical los atrae directamente a la tarima, y los que no.

Es aquí cuando la gente disfruta de los pocos minutos de calma que quedan, buscan un buen puesto o un ángulo apropiado para tomar fotos. Otros por su parte hacen brotar desde una esquina del teatro una improvisada muestra de talento artístico, el fluir propio del Brakedance del que participan tanto niños como jóvenes, una suerte de coreografía que de haber sido premeditada no hubiera salido tan bien.

Las luces se apagan, los telones se abren y un rojo que enceguece le da la bienvenida a un espectáculo sin duda inolvidable, en el fondo se encuentra ya listo Faceta para comenzar el show y aquellas espadas tan icónicas del grupo, se bandean de un lado a otro a manera de proyección. ¿Hay problemas con el sonido? Nada que no se le pueda perdonar a Alcolirikoz.

Después de solucionar todo, entra al escenario el equipo de carretera completo, la gente enloquece y como si de una marea enfurecida se tratara, suben y bajan sus manos con una firme disposición muy característica del rap. Suenan varias de sus mejores canciones, también unas no tan recordadas mas otras inolvidables.

Ahora los ánimos están al máximo y Alcolirikoz, a diferencia de otros artistas, les dan la oportunidad a varios seguidores de compartir escenario, pero… ¿a qué precio? El Despilfarro es el reto a afrontar como condición. -El que lo digo completo y sin equivocarse se lleva una cadenita- dice Gambeta mientras comparte el micrófono con uno de los tres jóvenes que estaba en tarima junto a ellos. Solo gana uno por aplausos del público, pero la ejecución de todos fue impecable.

Fotografía por Alejo Grisales

Este concierto trae una narrativa propia, las canciones escogidas parecen contar una historia, resumir miles de vidas o traer anécdotas a la memoria. Hay unas que en su momento solo permiten apreciación o escucha y otras que obligan a los jóvenes a enfrentarse entre saltos y empujones al ritmo de un beat.

Para toda emoción hay espacio suficiente, la incertidumbre, la euforia, la alegría y la tristeza, por ejemplo. La muerte a su vez obtiene un papel protagónico cuando suena Changó, canción que es relativamente nueva, pero se ha aferrado con total éxito a la memoria colectiva de la gente que repite con sentimiento herido: “Uno por el odio…dos por el amor…tres por ti…y en cuarto solo estoy yo”.

Después de escuchar varias de sus letras más icónicas y de apreciar el talento de varios artistas que los acompañan, las primeras señales del fin del concierto empiezan a aparecer, la gente como siempre espera que por providencia divina el evento se alargue más de lo esperado, pero ahí está la labor del artista, dar un espectáculo grandioso en cualquier rango de tiempo, y este no fue la excepción.

Anestesia Local, que es pedida a gritos, suena como nunca. La Noche causa nostalgia entre todos. N.A.D.A resuena en todas las almas y como no hablar de Otra canción larga como un himno a la vida y a la familia, se puede sentir casi el latir del corazón de todos al unísono con la pista y el escalofrío en la piel al escuchar “…por estos días el niño del que te hablo…sonríe todavía”.

Se despiden con 1999 y dejan en el aire una atmósfera de pasión y entusiasmo. El Teatro Pablo Tobón Uribe por su parte demuestra nuevamente ser un espacio polifacético capaz de vestirse con cualquier forma de arte. Gracias a este y a La Matraca la noche se convierte en un punto de convergencia para la diversidad y la cultura, de la mano del hip hop.

El público sale del teatro con sus camisetas totalmente transpiradas y una sonrisa enorme en su rostro. Se escuchan comentarios como -Esto es un parche total, aquí uno se desinhibe del todo- y esto significa una de las mayores recompensas para un artista y para un teatro, el agradecimiento del público.

Un concierto único para ser jueves en la noche y mejor aún para no ser el primero. Alcolirykoz tiene esa capacidad de ganarse al amor de la gente con su humildad y su versatilidad, gran característica a destacar y además si fuera necesario describir este concierto con una palabra, literalmente sería “audaz” en todo del sentido…de la A hasta la Z.

Fotografía por Alejo Grisales

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